Reseña: El Director

David Jiménez fue nombrado director de El Mundo en abril de 2015, en medio de la crisis global del periodismo por la caída de las ventas de periódicos en papel y, en particular en España, por su falta de credibilidad. Duró un año en el puesto.

Autor: David Jiménez
Año: 2019
Editorial: Libros del K.O.
Formato: epub
Precio: 6.99 €

Como es bien sabido, en la era de la información se da la paradoja de que los periódicos se han convertido en negocios ruinosos. La caída de las ventas en papel no se ha compensado con la presencia digital, pues el contenido online se ofrece gratuitamente y hay que repartirse el mercado publicitario con nuevas plataformas.

En España, esta situación se agrava por la escasa credibilidad que arrastra el periodismo, consecuencia de su mala calidad y su cercanía al poder (político o económico). No es una situacion nueva, como podemos atestiguar los roleros, que hasta no hace mucho hemos sufrido las consecuencias de un periodismo al que no le importaba caer en la más absoluta miseria moral e intelectual con tal de ganar un poco más de audiencia.

Con todo, las crisis de ventas y de credibilidad se refuerzan una a otra. Las redacciones se llenan de trabajadores precarios, los textos están cada vez peor escritos, se confunde (interesadamente) información con opinión, y cada medio se atrinchera en un bando ideológico, en un intento de retener lectores a base de proporcionarles noticias que corroboren sus creencias, en vez de hacer que se las cuestionen. Y las cuentas se cuadran con publicidad institucional, repartida discrecionalmente por el gobierno de turno, y patrocinios de grandes empresas. Siempre, claro está, que el periódico sea amable con esos gobiernos y esas empresas.

En El Director David Jiménez relata su experiencia al frente del diario El Mundo, intentando reflotar el periódico a pesar de una redacción opuesta al cambio y las presiones del poder, más interesado en tener un medio sumiso que en revertir su deterioro financiero y su pérdida de influencia.

Jiménez no parecía dar el perfil de director del periódico pues, como él mismo recalca varias veces, había trabajado muchos años como reportero en Asia, cubriendo conflictos, revoluciones y desastres naturales, pero no tenía experiencia como gestor y hacía ya muchos años que no pisaba la redacción.

Aún así, los gestores del grupo editorial le ofrecieron el puesto, después de la salida abrupta de Pedro J. y de su sucesor, Casimiro García-Abadillo. Jiménez aceptó el reto y se propuso revertir la tendencia descendente del periódico: incrementar su calidad, apostar por el formato digital, dar oportunidades al personal más joven y recuperar la garra periodística que, en sus momentos de gloria, había tenido El Mundo.

Pronto se encontró con obstáculos por todos lados. Los jefes de la redacción a su cargo defendían a toda costa sus privilegios, sus pequeñas parcelas de poder y su ego periodístico ante cualquier cambio que supusiera una amenaza. Políticos y empresarios le llamaban para quejarse cuando una noticia les perjudicaba. Y la dirección del grupo editorial le presionaba para proteger a personas bien conectadas. Estas presiones eran constantes y Jiménez llegó a la conclusión de que era imposible hacer periodismo en esas condiciones. La red de conexiones y favores mutuos era tan amplia que, al final, cualquier primicia acababa molestando a alguien con influencia.

El autor desgrana todas estas desventuras a lo largo de veinte capítulos, sirviéndose de anécdotas que ilustran el ambiente en el que tuvo que moverse. De algunos personajes da sus nombres y a otros, compañeros en la empresa, se refiere con motes un poco faltones (La Digna, El Señorito o El Cardenal, este último, muy apropiadamente, corresponde a su archienemigo el presidente del consejo de administración). Muy pocos salen bien parados, excepto algunos compañeros que le apoyaron y, curiosamente, los reyes.

El hilo argumental del libro se resiente por este carácter anecdotario. Cada capítulo parece, más bien, un artículo periodístico. Funcionarían por separado, pero para armar un libro no me parece suficiente. Los capítulos están bien escritos, el trabajo editorial es bueno (no recuerdo ninguna errata de importancia), pero abundan las frases lapidarias, se repiten los argumentos y se interrumpe el discurso para dar explicaciones obvias.

La cosa mejora hacia el final del libro, cuando el autor relata con buen pulso narrativo el ERE que se llevó a parte de la redacción (incluido él mismo), la persecución a la que fue sometido por no haberse doblegado ante el poder y el conflicto judicial en que acabó su despido.

¿Merece, entonces, la pena el libro? Mi recomendación es que sí. La lectura es ágil y muchas de las anécdotas, aunque conocidas, logran impresionar en boca de uno de sus protagonistas.

¿Y para el rol? No estamos ante un libro friki, obviamente, pero si en una partida de ambientación moderna quieres llevar un periodista, aquí encontrarás inspiración en unos cuantos personajes arquetípicos: el viejo periodista que vive más de glorias pasadas y de su ego, y que busca una última exclusiva para terminar su carrera, el joven reportero que idealiza la profesión, o el redactor dispuesto a contentar al poder con tal de mantener sus privilegios.



2 comentarios en “Reseña: El Director

  1. Leí la semana pasada una entrevista que le hicieron al autor en un periódico (digital y gratuito). Me parece que puede ser interesante leer algo así para darnos cuenta de hasta qué punto los periódicos desinforman actualmente. Lamentablemente, lo más probable es que esta no sea más que una gota en el océano y que pase sin pena ni gloria; da la impresión de que ya nada nos impresiona, o que hemos asumido que la vida es así.

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