Reseña: Mediterranean Anarchy, Interstate War and the Rise of Rome

10492.110[1]Autor: Arthur Eckstein
Año: 2006
Editorial: University of California Press
Formato: pdf
Precio: 31,95$

En las últimos años estamos asistiendo a importantes avances en la historiografía del Mundo Antiguo Occidental, y en particular en la historiografía militar. Así, además de los trabajos de Peter Heather sobre el final del Imperio Romano (del que quizá hablaremos en alguna ocasión), están las aportaciones sobre las legiones romanas que han cambiado la manera en que entendemos cómo combatían (véase un resumen de la cuestión en el Especial VI de la revista de divulgación Desperta Ferro, dedicado a la Legión Romana), y el libro que nos ocupa.

Como toda buena investigación, Eckstein arranca haciéndose una pregunta básica. ¿Por qué Roma dominó el Mediterráneo Antiguo y creó un imperio de larga duración?

La respuesta tradicional había sido que Roma actuaba en defensa propia; la ciudad surgió y crecio en un entorno muy hostil, y se vio obligada a someter a otras entidades políticas para asegurar su propia supervivencia. Pero cada nueva conquista le ponía en contacto con nuevos pueblos, que representaban nuevas amenazas que había que eliminar.

A esta interpretación se opuso el trabajo de Harris de 1979, que entendía que Roma, lejos de estar a la defensiva, era una polis especialmente agresiva y predatoria, y era esta agresividad la que impulsaba continuas guerras de conquista, no de defensa. Esta tesis tuvo mucho éxito y acabó siendo la postura dominante, al menos hasta el trabajo de Eckstein.

La idea fundamental del autor es que, si bien es cierto que Roma era un estado agresivo, militarista e inclinado a resolver los conflictos internacionales más con la guerra que con la diplomacia, también lo es que sus rivales en el Mediterráneo (los etruscos, los samnitas, Tarento, Cartago y finalmente Macedonia y el Imperio Seléucida), eran tan o más agresivos y militaristas.

Eckstein se apoya en la ciencia política, y concretamente en la teoría realista de las relaciones internacionales, para describir el sistema político del Mediterráneo como una anarquía multipolar. En el s. III a.C. no existía un poder dominante que impusiera su voluntad en un conflicto internacional, ni tampoco mecanismos eficaces para resolver las disputas pacíficamente. Las diversas potencias (e incluso polis menores) aprovechaban cualquier oportunidad para agrandar su territorio y apoderarse de recursos adicionales, negándoselos a sus enemigos y al mismo tiempo evitando ser víctima en el futuro de similares conductas predatorias. El resultado es que la región estaba permanentemente en conflicto, casi todos los años había guerra y los estados no dudaban en aparentar fortaleza, so pena de incitar ataques de sus vecinos. En resumen, no sólo la cultura interna de las polis mediterráneas, sino también el propio sistema internacional, empujaba a las sociedades antiguas a la guerra constante.

La actitud agresiva de los estados en la Antigüedad se ponía especialmente de relieve en momentos de crisis, cuando la debilidad de alguna potencia despertaba las ansias expansionistas de sus rivales más poderosos, pero también los temores de las polis más pequeñas a que alguna adquiriera un poder excesivo. Eckstein considera que el punto de inflexión en la expansión romana es la crisis dinástica vivida en el Egipto ptolemaico a principios del s.II a.C. Macedonios y seléucidas aprovecharon la coyuntura para apoderarse de posesiones egipcias, pero otros estados helenos solicitaron ayuda a Roma para frenar a las dos grandes potencias orientales. Tras las victorias romanas ya no quedó ningún estado capaz de disputar la hegemonía en todo el Mediterráneo.

DFE6-30[1]Pero si la agresividad de Roma no fue la causa de que forjara un imperio (porque otros estados coétaneos fueron igualmente agresivos y sucumbieron), entonces ¿cuál era? Para Eckstein la respuesta hay que buscarla en el factor que diferenciaba a Roma del resto de sus rivales: la asimilación de los pueblos sometidos. Mientras otros conquistadores arrasaban las ciudades y esclavizaban a sus habitantes, Roma creaba alianzas y permitía que cada polis se ocupara de sus propios asuntos. Siempre, claro, bajo la tutela romana y con la obligación de contribuir al esfuerzo bélico. A la larga, Roma acabaría disponiendo de una reserva humana con la que reponer las pérdidas de guerra, aunque las legiones sufrieran graves derrotas (como en las Guerras Púnicas) mientras que sus rivales no podían hacer lo mismo.

El enfoque interdisciplinar, combinando ciencia política con historia antigua, es sin duda uno de los mayores atractivos del libro.  Especialmente interesante, y detallada, es la aplicación del esquema de anarquía multipolar a la descripción del Mediterráneo Antiguo. Aunque, ya puestos, se podría haber utilizado la teoría de juegos para analizar las respuestas de los estados en este sistema de anarquía multipolar.

Menor detalle se ofrece para la explicación última del dominio romano, y en particular sobre la correlación de recursos entre los distintos aspirantes a la supremacía (quizá por la falta de una estimación mínimamente fiable). También es un poco decepcionante que el autor pase de puntillas sobre la principal objeción a su tesis: si el sistema de anarquía multipolar empujaba a Roma (y a otros estados) a una política internacional agresiva y militarista, ¿por qué Roma siguió conquistando una vez que se consolidó como la potencia hegemónica?

En resumen, ¿el libro merece la pena? Para los amantes de la historia, y de la ciencia política, definitivamente sí. Hay que tener en cuenta, no obstante, que se trata de una obra académica, que abunda en citas de fuentes para fundamentar sus tesis (especialmente Tucídides y Polibio), que éstas se repiten y discuten continuamente a lo largo del texto, pero que aisladamente, podrían exponerse con todo detalle en unas pocas páginas. Evidentemente, esto puede no ser del gusto de muchos lectores.

Como puntos más negativos destacaría el elevado precio de la versión digital (idéntico al de la versión físico) y lo inadecuado del formato pdf para una obra que es 99% texto.

¿Y para juegos de rol? ¿Hay algo que sirva de inspiración? Sin duda. El esquema de anarquía multipolar se puede utilizar como trasfondo en alguna campaña, tanto de corte histórico como fantástico, en el que una situación de crisis origina un enfrentamiento por la supremacía. Pensemos por ejemplo en una campaña ambientada en el medievo hispano, con reinos cristianos y musulmanes enzarzados en disputas territoriales, o un juego de ciencia ficción donde diversas razas alienígenas se combaten por toda la galaxia. Incluso un juego sobre clanes mafiosos se puede construir sobre la misma idea: cada uno de ellos intenta ser el clan dominante y aprovechar cualquier debilidad de un rival para acrecentar su poder.

 

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