Inicio Qué es Sagittarius Productos Pedidos Descargas El Mundo de Sagittarius Blog Contacto

El Mundo de Sagittarius (III). La Guerra Cannatia

La guerra en la que se han visto envueltos los príncipes del Tauro tiene sus orígenes en el expansionismo comercial de la ciudad de Argopa. Abandonados los proyectos de conquistar el Occidente, la clase dirigente de la gran urbe ha puesto su atención en la península Táurica. La mayor parte de su comercio pasa por el curso bajo del Tauro, lo que le hace demasiado dependiente de los gobernantes de esta región. En algunas ocasiones han estado unidos, en otras han peleado entre sí y ha habido situaciones en las que el tráfico fluvial ha estado sometido a gravámanes exorbitados, o ha estado interrumpido por completo.

EL INICIO

Hace diez años, aprovechando una época de relaciones tensas entre las ciudades cannatias, que amenazaban con provocar una guerra, el Senado de Argopa firmó una alianza con Scopas, la ciudad dominante de Tauria. O más bien con la facción por-argotaria. Los argotarios se comprometían a defenderles a cambio de libertad de navegación por el río, incluyendo buques militares, y exención de tasas aduaneras. No obstante, una vez hecho público el tratado, la facción rival en Scopas, dirigidas por el general Narbises, se hizo con el poder, ejecutó a sus oponentes y rechazó el tratado. Argopa lo consideró una declaración de guerra. Envió emisarios con un ultimátum en el que se exigía el respeto al tratado firmado y el castigo de Narbises. Al no obtener la respuesta esperada, un ejército al mando de Bruto Marcelo invadió Tauria. A éste le apoyaban los ricos comerciantes de la ciudad, y había alcanzado el puesto de general gracias al dinero de sus partidarios, más que a su competencia. Tenía fama de imponer una disciplina estricta y en el campo de batalla seguía las tácticas tradicionales, dos aspectos tenidos por virtudes en el Senado.

Tauria es una región fértil y muy poblada. Las suaves y arboladas colinas del norte dan paso rápidamente a un terreno llano que ofrece muy variados cultivos. En el delta los numerosos cursos de agua y el terreno llano facilitan la creación de zonas pantanosas. Los soldados de Bruto la saquearon a fondo, destruyeron las fincas de los arrabales de la ciudad y la sitiaron. Narbises se encerró en el Templo para orar a Horu, el dios-toro que debía protegerles. Los sacerdotes llevaron a cabo numerosos rituales y sacrificios. Se habla incluso de niños entregados al holocausto, pero fuera así o no, esta devoción conmovió a la divinidad. Una terrible peste acabó con la vida de Bruto y la mitad de su ejército, y el resto fue acosado por los cannatios en su desordenada retirada.

Con esta victoria, al año siguiente las ciudades de Sinda, Ebusos, Clusium e Isarion dejaron a un lado sus rivalidades y se unieron a Scopas en una liga contra el enemigo común. Los argotarios no se arredraron y mandaron una flota por el río al mando de Gneo Marcelo, el hermano de Bruto, para bloquear completamente Scopas. Pero los trirremes sindarios se adentraron por el delta del Tauro, cogieron las naves argotarias por sorpresa y las incendiaron. El ejército pudo escapar más o menos intacto, pero el clan de los Marcelos cayó en descrédito ante tal acumulación de derrotas. Su dinero aún les mantenía en los principales puestos, pero dentro del Senado ya se empezaba a pensar en un sustituto para el mando.

ENTRADA DE ISARION Y EBUSOS

En el cuarto año de la guerra, los cannatios pasaron a la ofensiva, con los reyes de Ebusos e Isarion a la cabeza. Sitiaron y tomaron varias fortificaciones en la frontera, pero el Senado argotario no se decidía a presentar batalla. Lucio Varro, un general de alta alcurnia pero destinado en aquel momento en el puerto de Hirtus, armó unos cuantos trirremes, embarcó un contingente de sagittarii y atacó directamente Sinda. Con osadía y habilidad a partes iguales se hizo con el puerto, la ciudadela y parte de la flota. Esto le permitió traer refuerzos y una vez que dispuso de unos miles de hombres, tomó el resto de la ciudad casa por casa. Su rey no tuvo más remedio que aceptar una paz separada. Tras este golpe, el ejército cannatio se retiró a sus cuarteles sin haber logrado nada.

En la campaña siguiente, el partido de Gneo Marcelo consiguió de nuevo el mando del ejército, y que Lucio Varro permaneciera en Sinda garantizando su neutralidad , pese a las protestas de éste. Con la flota y el ejército cercó por completo Scopas. Narbises buscó ayuda de nuevo, esta vez en sus aliados de la liga, más fiables dadas las circunstancias que los volubles dioses. El ejército cannatio se situó en la retaguardia argotaria, cortando su línea de suministro y forzando a Gneo a presentar batalla. Mientras las dos falanges se enfrentaban, la caballería pesada ebusita, conducida por su rey, hizo huir al flanco argotario y toda su línea se derrumbó. Gneo Marcelo y unos cuantos cientos de supervivientes lograron escapar, pero muchos soldados de alta graduación murieron o fueron hechos prisioneros.

VARRO TOMA EL MANDO

Finalmente, el Senado accedió a darle el mando supremo de las tropas a Lucio Varro. Éste preparó la campaña a conciencia, colocó a hombres leales en los puestos clave, se aseguró un tren de asedio impresionante y junto a los trirremes armó buques de carga para abastecer a sus tropas por mar. Además, reunió a unos cuantos miles de sagittarii y entrenó a la infantería pesada en nuevas tácticas. Nada más entrar en Tauria se le presentó el ejército cannatio.

En la batalla, Varro dispuso su falange en dos líneas, con su caballería ligera en los flancos, quedándose él en la segunda línea. Mientras los sagittarii acosaban con sus flechas a la temida caballería pesada, manteniéndola alejada del centro de la acción, las falanges chocaron, la segunda línea argotaria se desplegó en los flancos, envolvió a los cannatios y los destrozó. La caballería se retiró del campo de batalla, dejando a Scopas totalmente expuesta.

La ciudad cayó antes del invierno. Con las máquinas de asedio, los soldados de Varro abrieron brechas en las murallas y penetraron sedientos de sangre. Pasaron a cuchillo a la guarnición, saquearon los templos y palacios y los incendiaron, y una vez con toda la ciudad bajo su control, ejecutaron a los partidarios de Narbises y esclavizaron a sus familiares. El propio Narbises logró huir en el último momento, refugiándose en Ebusos. El resto de las ciudades táuricas, antes dominadas por Scopas, abrieron sus puertas al conquistador.

Una vez con toda la península bajo su control, Varro decidió explotar la victoria. En el séptimo año de la guerra puso sitio a Clusium, apoyado por la flota. La liga de ciudades cannatias se estremeció; los argotarios amenazaban con ocupar las tierras más allá del río Tauro, sin que tuvieran tropas suficientes para presentar batalla. Se enviaron propuestas de paz a Argopa, que fueron rechazadas de plano. Se hicieron llamamientos a las ciudades cannatias de Oriente, que se desentendieron del asunto. Se buscaron mercenarios por todas las costas del Mar Interior, pero la única respuesta fueron vagas promesas y la exigencia de pagar con oro por adelantado. Finalmente se recurrió a los bárbaros del curso alto del Tauro, hombres que tenían fama de salvajes indomables y que en no pocas ocasiones habían hecho incursiones en las tierras civilizadas, tanto de Argotaria como de Cannatia. De entre estos respondió a la llamada el príncipe Nabis de Varingia. Es éste un guerrero de gran experiencia y valor, un líder indiscutible entre sus hombres, dispuestos a seguirle hasta la muerte.

Junto con sus tropas, los cannatios lograron reunir a tropas suficientes como para enfrentarse a Varro, pero antes de llegar a Clusium supieron que había caído, su población había sido esclavizada y sus templos entregados a las llamas. El ejército cannatio se retiró a sus cuarteles de invierno.

LA GUERRA EN EL VALLE DEL ISAR

En la siguiente campaña, Varro reanudó su ofensiva. Se dirigió rápidamente contra el ejército enemigo y logró forzarlo a presentar batalla. En ella, la caballería cannatia, reforzada con la táurica, expulsó del campo a los jinetes enemigos, rebasó a la falange y la atacó por la retaguardia. Pero la infantería de reserva logró detenerla, mientras el cuerpo principal rompía la línea cannatia. El rey ebusita tuvo que ordenar la retirada, que se hizo sin bajas al no estar presentes los sagittarii.

Durante las siguientes jornadas, Varro le acosó con las tropas ligeras en su huida hacia el Este. Pero tras varias escaramuzas con la caballería de Nabis abandonó la persecución y dejó que los cannatios se retiraran tras el río Isar.

Como preparación para el asedio de Ebusos, el general argotario intentó la toma de Metaras una fortaleza situada al norte de la ciudad. La llegada del invierno le hizo desistir; se había alejado mucho de sus fuentes de suministro, y la flota no era suficiente para abastecerle. Este fracaso fue aprovechado por el partido de los Marcelos para exigir su destitución, pero los partidarios de Varro lograron evitarla. Obtuvieron además autorización para invadir el Valle del Tauro y evitar que nuevos bárbaros se unan a los cannatios. Mientras, éstos tratan de reforzar las defensas de sus ciudades y completar las guarniciones de las fortalezas, al tiempo que hacen un nuevo llamamiento a las ciudades del Este.

Deja un comentario