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La Montaña Mágica

(Vía archive.org he rescatado este artículo sobre la novela de Thomas Mann que escribí en la desaparecida ociojoven. Lo publico tal cual salió, en octubre de 2005, incluidos los retoques que hizo Juan Ángel Laguna, encargado entonces de la sección de Literatura)

Reseña de la novela de Thomas Mann y homenaje en el 50 aniversario de su muerte. Este artículo está inspirado en mi experiencia con la lectura de la obra, muy enriquecedora.

En este 50 aniversario de la muerte del novelista alemán Thomas Mann, conviene recordar la que fue su obra más destacada, y a la vez una de las más importantes de la literatura del siglo XX.

Ya hizo Valente una reseña, con motivo de la publicación de la nueva traducción, que podéis leer aquí:

http://www.ociojoven.com/article/articleview/952354/

El autor

Thomas Mann nació en Lubeck, Alemania, en 1875, en el seno de una familia burguesa y tradicional, pero ya desde joven decidió dedicarse a la literatura. Su primera novela, “Los Buddenbroocks”, narra la historia de una familia a lo largo de tres generaciones. Fue un éxito y le valió la concesión del premio Nobel de Literatura en 1929.

Posteriormente publicó, entre otras, “Muerte en Venecia”, “La Montaña Mágica”, “Josué y sus Hermanos” y “Doctor Faustus”. Muy afectado por la Primera Guerra Mundial, como veremos después, se mostró inicialmente opuesto a la República de Weimar, aunque más tarde sus simpatías cambiaron. Finalmente, tuvo que exiliarse con la llegada del Nazismo, primero a otros países europeos y luego a Estados Unidos. Volvió a Europa en 1953 y murió en Zurich en 1955.

La novela y su estilo

Como ya hemos dicho, sobre todas sus novelas destaca “La Montaña Mágica”. Esta colosal obra fue concebida primero para dar una visión cómica de la muerte, en contraposición a la ya publicada “Muerte en Venecia”. Pero Mann fue incrementando el material y trabajando sobre ella a lo largo de doce años, de 1912 a 1924 (con una interrupción durante la guerra), y el resultado final fue muy distinto.

El estilo meticuloso con el que está narrada la historia, que en ocasiones se hace abrumador, y la carga simbólica que arrastran todos los personajes y situaciones, hacen de ella una obra a caballo entre las novelas realistas de finales del XIX y la literatura modernista de principios del XX. No es fácil de leer, por sus dimensiones y por las extensas disquisiciones filosóficas que se suceden sin medida y sin razón aparente. Pero todo este aparato literario contribuye a recrear una atmósfera muy particular, que atrapa al lector y le hace partícipe de la rutina y la pérdida de la noción del tiempo, tan omnipresentes en el relato. El lector tentado de abandonar hará bien en sobreponerse y perseverar, como el protagonista de la novela, en esta experiencia.

La edición que yo leí corresponde a la traducción de Mario Verdaguer, al parecer defectuosa por faltar, no se sabe porqué, algunos pasajes del original, especialmente en el final de la novela. Pero la nueva traducción disponible quizá nos incline en el futuro a una segunda lectura, cosa que recomendó el propio Mann durante una conferencia en la Universidad de Princeton.

El argumento y su simbolismo

La novela nos cuenta la vida de Hans Castorp, un joven huérfano, pero de familia burguesa, en un sanatorio para tuberculosos de los Alpes suizos. El propio Mann había tenido una experiencia similar, que inspiró la novela, al visitar a su esposa en un establecimiento parecido.

Iniciada como una visita de tres semanas a su primo Joachim, que se repone allí de una dolencia, el ambiente mórbido y los peculiares personajes que habitan el lugar atrapan a Castorp, que alargará su estancia durante siete años.

En ese tiempo el protagonista se abre a nuevas experiencias: conoce el amor y la muerte de seres queridos, se siente fascinado por la enfermedad y el conocimiento, y se abre paso en la filosofía a través de dos estrambóticos personajes: el masón italiano Settembrini y el jesuita Naphta. Los dos se disputan el alma, por así decirlo, del joven, exponiendo en larguísimas peroratas sus posiciones doctrinales sobre la religión, la naturaleza humana, la moral y el progreso. Sus discusiones terminan muchas veces cayendo en el absurdo, y al final de la novela su rivalidad acaba de forma trágica.

En este sentido, la novela ha sido interpretada como una historia de iniciación. El joven y burgués Castorp rompe con su predecible vida y experimenta, como ya hemos dicho, lo que la vida puede ofrecerle. El sanatorio es, además un símbolo de Europa, un microcosmos donde se encuentran ciudadanos de todo el continente, con su peculiar estilo y filosofía de vida, y cada uno de ellos ayuda a moldear la personalidad de Castorp. Allí encuentra a su amada Clawdia, una rusa enigmática que le hace revivir, y comprender, su atracción por un compañero de la infancia; a Joachim, militar que se guía por el honor y el sentido del deber; al melancólico doctor Behrens y al vital Peeperkorn; y a los mencionados Naphta y Settembrini. Castorp encarna así la civilización occidental, formada por múltiples corrientes culturales que quedan expuestas en la obra.

El libro es también una crítica a la sociedad burguesa a la que había pertenecido Mann. El cómodo y predecible universo del sanatorio aplasta a sus habitantes con su rutina, les hace perder la noción del tiempo y les aísla del mundo exterior. En definitiva, la vida de Castorp allí, con todas sus experiencias, es una vida falsa, decadente, que a la larga sólo puede llevarle al desastre, a él y a toda la sociedad europea.

Es en esta contraposición simbólica, entre el sanatorio como espejo de la cultura europea, y como microcosmos burgués aislado de la realidad, donde la obra alcanza la categoría de magistral. En el capítulo central, Hans se salta el riguroso régimen del sanatorio, desatiende los consejos de Settembrini, y emprende una excursión por la montaña nevada. Acaba perdiéndose y, en medio de una tormenta, tiene una curiosa experiencia onírica. La montaña, la montaña mágica del título, le revela el sentido de su existencia y de la cultura occidental. Pero al regresar, olvida esta revelación y se deja nuevamente atrapar por la rutina.

En los últimos capítulos el ritmo de la novela se acelera. Se suceden los acontecimientos, el ambiente en el sanatorio se deteriora y surgen conflictos entre los residentes, que presagian el desastre. Es una parte desconcertante para el lector, acostumbrado durante cientos de páginas a la inacción, y en cierta manera desilusiona ver que la obra se acaba, y que pronto deberemos abandonar la rutina lectora y a los personajes que nos han acompañado durante tanto tiempo.

El estallido de la guerra le sirve a Mann para finalizar la novela. Castorp deja la montaña para alistarse, y en el último pasaje le vemos caminando por un campo de batalla, entre explosiones y cadáveres. Termina el autor dejando abierta la posibilidad de que el joven sobreviva a la guerra y a sus consecuencias. Cuando se publicó la novela, su autor podía albergar esperanzas de que la sociedad europea se sobrepusiera a aquellos trágicos sucesos. Pero nosotros sabemos, y Mann después también, que no fue así.

Ediciones recientes

Círculo de lectores, 2005 cartoné
Edhasa, 2005 cartoné, 2002 rústica
Nuevas ediciones de bolsillo, 2001 rústica

 

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