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El papel del editor

En un reciente artículo en El Opinómetro (blog que recomiendo encarecidamente) se alertaba frente al riesgo de confundir al editor con el creador, y atribuirle el mérito de la producción cultural, que en realidad correspondería por completo al autor. Si bien el artículo me parece interesante y bien razonado, mi opinión es diferente.

Entiendo que, en el ámbito cultural, por supuesto que el autor es el protagonista, pero el editor, productor o lo que corresponda, juega un papel lo suficientemente relevante como para considerarle parte de la cultura, con todas las consecuencias, buenas y malas, que esto implica.

En primer lugar, la editorial supone un filtro al material que puede llegar a publicarse (obviando la autopublicación). Admito que los criterios de selección pueden ser arbitrarios, contrarios a intereses artísticos y culturales, o incluso injustos (suponiendo que exista un derecho a ser publicado), pero es innegable que, por lo menos, impide que nos inunde una marea de productos infumables.

Con la generalización de internet, este filtro ha reducido su importancia, pues cualquiera puede poner a disposición de un público potencialmente amplio su material. La consecuencia es que en la red se encuentran proyectos interesantes, que quizá no hubieran pasado el inmisericorde filtro editorial. Pero también faltan criterios que permitan una primera discriminación entre lo que merece la pena y lo que no.

En segundo lugar, el editor despliega su actividad empresarial para que el producto llegue al consumidor final corregido, ilustrado, maquetado y distribuido por los canales adecuados. Y en el caso de los juegos de rol, suficientemente testeado. Hay casos sangrantes de editoriales que sacan productos de ínfima calidad, por todos conocidos, pero creo que lejos de invalidar el papel del editor, lo pone en perspectiva y permite apreciar lo que una buena editorial puede hacer por los libros.

En tercer lugar, el editor arriesga su dinero en la empresa. En un sector como el del rol, de tiradas cortas, márgenes estrechos y con abundantes ejemplos de proyectos empresariales fracasados, esto no me parece cuestión baladí. Actualmente en España apenas quedan un par de editoriales que no hayan abandonado esto por pastos más frescos, o se sienten a esperar que salga la última edición de un juego americano exitoso. Me parece que las que siguen apostando por el rol son dignas de elogio, y sus responsables sí están aportando cosas al rol nacional.

Con esto no estoy diciendo que haya que comprar rol nacional que no nos interesa, sólo por el hecho de dar un apoyo a estas editoriales. Este tipo de llamamientos nunca me han convencido. Antes al contrario, lo que nos corresponde hacer como consumidores es exigir calidad, rechazar que nos cuelen productos defectuosos y dejar claro qué productos nos interesan y cuáles no. Sólo así se consigue que prevalezcan las editoriales serias, que el producto resulte atractivo y por tanto atraiga gente nueva a esta afición.

Y si un producto no vende, a los editores (y a los que modestamente nos autopublicamos) nos corresponde analizar porqué los roleros prefieren gastarse su dinero en otras cosas antes que en nuestros libros. Habrá que pensar en hacer juegos más atractivos, incrementar la promoción, buscar nuevos canales de distribución… cualquier cosa antes que mendigar apoyo para mantener el chiringuito.

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